En ocasiones los pensamientos parecen tener una especie de vida propia y surgen en nuestra mente cuando menos lo esperamos. En ocasiones son ideas o pensamientos absurdos, que incluso pudieran causar gracia si te detienes a por un segundo y es por eso que los descartas al instante, pero otras veces se trata de ideas que rechazamos e incluso de las que nos podemos sentir avergonzados o nos producen temor.
Los pensamientos no deseados son aquellos que consideramos que no deberíamos tener porque violan nuestros códigos éticos, culturales o morales de la sociedad en la que vivimos.
Esos pensamientos pueden expresarse en frases, como una pequeña voz en nuestra mente, o pueden tener la forma de imágenes mentales, en común el hecho de que resultan casi siempre desagradables. Se pueden tener pensamientos relacionados con hacer daño a otras personas, pensamientos de actos sexuales considerados totalmente inmorales, ideas relacionadas con miedos enfermedades o como la de perder el control y hacer daño a los propios hijos, esposa o padres, o simplemente ideas como irte de casa, dejar a tu pareja y tus hijos, hacerte daño a ti mismo, etc.
Sea cual sea el pensamiento, lo cierto es que el ser humano pasa bastante tiempo pensando cosas que preferiría no pensar. A veces, este tipo de ideas van acompañadas de impulsos; es decir, de un deseo de hacer realidad aquello en lo que piensas.
Tal vez ese impulso dure a penas unos segundos pero luego de manera inmediata se toma el control, ya que otra parte de nosotros mismos que nos dice que no estaría bien hacer eso, que realmente no lo deseamos y que nos sentiríamos mal con nosotros mismos si lo hiciéramos, de manera que de esta manera el impulso desaparece. De este modo, la mayoría de las personas nunca pone en práctica esos pensamientos prohibidos.
No obstante, pueden sentirse muy mal por el simple hecho de haber pensado algo así, pueden castigarse a sí mismos haciéndose reproches, considerarse malas personas o tener miedo de perder el control o de volverse locos.
Regularmente estos pensamientos son más un reflejo del miedo a que algo malo le suceda a alguien a quien amas, que de un deseo de hacerle daño. No obstante, cuando estos pensamientos son interpretados como un deseo de hacer daño, producen una ansiedad intensa que puede llegar a obsesionar a la persona. Esta obsesión hace que dichos pensamientos se vuelvan más frecuentes, entrando en un círculo vicioso difícil de romper.